Crecimiento sustentable con discipulado es la meta de los adventistas

Discipulado significa esfuerzo para comprometimiento de los miembros en una vida de dependencia de Dios, que resulte en fidelidad y mayor profundidad bíblica.

Grupos Pequeños con enfoque en el desarrollo de discípulos crecen en América del Sur. Foto: Shutterstock

El 2018 cerró con un crecimiento líquido de miembros adventistas en el territorio de la División Sudamericana (compuesta por ocho países), de 0,97%. El resultado fue mejor que en el 2017, cuando el crecimiento llegó a 0,83%. Los datos constan del Informe de la Secretaría Ejecutiva de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Sudamérica. El crecimiento líquido es el real, o sea, el que resulta de la diferencia entre los miembros que dejan la denominación (por abandono de la fe o muerte) y los que entran (por rebautismo, bautismo o profesión de fe). En 2018, por ejemplo, 217.952 personas se hicieron adventistas por medio del bautismo.

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La preocupación de los líderes adventistas, sin embargo, es por el llamado “crecimiento sustentable”, y no solo por la cantidad de personas bautizadas. O sea, el ingreso de miembros nuevos debe estar acompañado de un proceso sólido de discipulado. El pastor Erton Köhler, líder adventista en Sudamérica, es un defensor de esa idea. Y reconoce que los desafíos son grandes para que una persona se mantenga como miembro adventista. “Notamos la gran presión de la secularización en el medio religioso, además de los desafíos que encontramos para movilizar la iglesia en el cumplimiento de la misión. Sin mencionar la creciente distracción, que coloca como prioridad lo que no es la esencia de nuestra existencia. A pesar de eso, la Iglesia Adventista en el territorio sudamericano sigue creciendo, enfatiza.

El pastor Köhler explica con un poco más de detalles lo que entiende por ese tipo de crecimiento sustentable: “Además tenemos el desafío de continuar creciendo, no solo en número de miembros, sino en la formación de nuevos discípulos. Es necesario involucrar más a los miembros de iglesia, y también a los que no son recién bautizados, con una vida de comunión más sólida, relaciones más relevantes y el cumplimiento de la misión de manera más osada. Solo de esta manera vamos a crecer en cantidad y en calidad. No solo tener una multitud en nuestros templos, sino en especial preparar una multitud para el cielo, resalta.

Reino de amigos

El concepto está claro, los números señalan un crecimiento modesto, pero ¿cómo se manifiesta el discipulado en la práctica? La experiencia de personas como el técnico de enfermería Paulo Gustavo Aguiar de Oliveira, que vive en Itaguaí, Río de Janeiro, ilustra un poco esa realidad. Él participa de una iniciativa conocida como Reino de amigos.

Paulo Gustavo destaca algunos aspectos considerados esenciales para que el proyecto resulte y sea efectivamente un aliado en el discipulado. El primero es la buena organización y el compromiso de los participantes. Los encuentros semanales del grupo son distendidos y con material específico que prioriza la relación entre cada persona y Dios. Cada tres meses se realiza una inmersión donde los participantes de los grupos pequeños se reúnen para consolidar decisiones espirituales personales. Todo sin olvidar la profundidad bíblica y la fidelidad a Dios. “A partir de entonces, cada participante recibe la invitación de abrir un reino, ya no más como liderado sino como líder, porque el reino necesita expandirse”, puntualiza.

Superación de desafíos

El técnico de enfermería sabe que no todo es fácil en este camino. Admite que ya participó de grupos pequeños donde algunas diferencias personales, desinterés y otros factores minaron la iniciativa. Afirma que en el modelo adoptado del Reino de amigos, estos aspectos terminaron debilitados. “Creo que se debe al hecho de que nuestra misión no se resume a un encuentro semanal. La misión es diaria. Nos proponemos andar una segunda milla, nos llamamos uno al otro, mandamos mensajes, les damos la responsabilidad a todos los miembros del grupo de cuidar y orar, por lo menos por una persona durante la semana. Si no existe participación, si la gente no cuida de los demás, el discipulado no se realiza, se queda en la superficie y se termina”, resalta con entusiasmo.

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