Esperanza y anhelo marcan el recordatorio de “El Gran Chasco” después de 175 años

Una conmemoración. No una celebración.

Los organizadores enfatizaron al menos tres veces la diferencia entre las dos palabras, cuando más de mil miembros y líderes de la iglesia viajaron a mediados de octubre hasta las cercanas de Whitehall, Nueva York, Estados Unidos, para recordar el 175 aniversario del 22 de octubre de 1844.

El evento del 17-19 de octubre de 2019, que tuvo lugar en la granja y la capilla de Guillermo Miller, y en sus alrededores, buscó recrear de manera conmovedora aspectos de la experiencia original. También sirvió para alentar a los adventistas contemporáneos para que se levanten y sigan esparciendo el evangelio, así como lo hicieron los pioneros de la denominación hace 175 años.

“De ese gran chasco, ahora nos dirigimos hacia la gran comisión”, dijo Ted N.C. Wilson, el presidente de la Iglesia Adventista, al asignar una perspectiva misionara al significado de ese fin de semana de rememoración. Guillermo Miller, un agricultor convertido en predicador, junto con otros, que habían estudiado las profecías de la Biblia, creyeron que Jesús regresaría a la tierra el 22 de octubre de 1844. Ese día, conocido en la historia adventista como El Gran Chasco después de que Jesús no regresó, llegaría a ser más tarde un catalizador para la denominación, que ahora tiene 21 millones de miembros en todo el mundo. El día llegaría a impulsar a los creyentes para llevar el mensaje de la segunda venida de Cristo a todo el mundo, una misión que, recordó Wilson a su audiencia, aún no ha sido terminada.

Dos mujeres que colaboraron como voluntarias durante la conmemoración del 175 aniversario organizada por Ministerios de Herencia Adventista. Muchos de los voluntarios para el evento del 17-19 de octubre en la granja de Guillermo Miller se vistieron con trajes similares a los que se usaban en la década de 1840. Fotografía: Marcos Paseggi, Adventist Review

“Recordemos que nadie en esta iglesia es tan simple, tan ignorante o tan humilde como para no ser usado por Dios”, dijo Wilson a los asistentes que se reunieron bajo una tienda en la propiedad. “Cada persona hacienda algo por Cristo: Esa es una gran comisión”, expresó.

Nadie cantaba como los que esperaban el advenimiento

Los eventos de rememoración incluyeron, en las noches del 17 y 18 de octubre, momentos de canto de algunos de los “himnos milleritas”, que el primer grupo de creyentes adventistas entonaba en los primeros años de la década de 1840. Jim Nix, director del Patrimonio White de la Iglesia Adventista, relató algunas de las historias detrás de los himnos y de melodías de clásicos, algunos de ellos también en español, como por ejemplo “Together Let Us Sweetly Live”, “You Will See Your Lord A-Coming” [Tú verás al Rey viniendo], y “Lo, What a Glorious Sight Appears”, entre otros.

Nix citó al pionero adventista Jaime White quien, a fines de la década de 1860, escribió que en esos días (alrededor de 1844), “no había nadie que cantara como los que cantaban del advenimiento”. Nix también enfatizó de qué manera los primeros líderes de la iglesia hicieron grandes esfuerzos para asegurarse de que las personas cantaran en esos primeros encuentros de la iglesia.

“Los primeros creyentes en el advenimiento estaban tan decididos a que las personas cantaran los himnos que hasta recurrieron a melodías bien conocidas, que cantaron en reuniones de adoración con diferente letra”, explicó Nix. Uno de los primeros ejemplos es el himno “O Brother, Be Faithful” [Sé fiel siempre, hermano], que usa una melodía folclórica de esa época. El himno sigue siendo cantado en las congregaciones adventistas, dijo Nix.

Ted N.C. Wilson, presidente de la Iglesia Adventista, se dirige a los miembros y líderes de la iglesia que asistieron al 175 aniversario del 22 de octubre de 1844, conocido para los adventistas como El Gran Chasco. “De ese gran chasco, ahora nos dirigimos hacia la gran comisión”, dijo Wilson. Fotografía: Marcos Paseggi, Adventist Review

Durante las horas del día de los eventos de conmemoración, los asistentes tuvieron la posibilidad de optar por recorridos guiados en autobús por la zona, visitando lugares significativos para la historia temprana de los creyentes adventistas. Entre esos lugares están algunas de las iglesias cristianas en las que Miller fue invitado a predicar por primera vez a comienzos de la década de 1840, y el cementerio local donde él y otros descansan de sus labores.

Un Dios que no se rinde

El culto del viernes de noche incluyó un mensaje devocional a cargo de Daniel Jackson, el presidente de la División Norteamericana de la Iglesia Adventista.

Al recordar los aprietos que pasaron los primeros creyentes que aguardaban que Jesús apareciera en 1844, Jackson reconoció que es difícil imaginar la expectativa que estas personas habrán sentido, pero que también es difícil imaginar su desilusión. A pesar de ello, enfatizó Jackson, los que se reunieron en la Granja de Miller en 1844 fueron parte del plan de Dios para el mundo.

“Lo que sucedió aquí hace 175 años era parte del plan de Dios de esparcir este mensaje [de la pronta segunda venida de Cristo] a todo el mundo”, dijo Jackson. “El chasco no fue un fin sino un comienzo. Dios estaba llamando [a los primeros creyentes adventistas] para que siguieran adelante”.

En su mensaje del sábado por la mañana, Dwain Esmond, director asociado del Patrimonio White, dijo que deberíamos recordar que cuando Dios nos chasquea, siempre es al servicio de algo más grande. “Recuerden que de ese chasco llegó la comisión de terminar la obra”, dijo. Fotografía: Marcos Paseggi, Adventist Review

Jackson explicó que esta realidad se basa en quién es Dios. “El Dios en el que creo no renuncia; no se detiene”, dijo. “La voluntad y los planes de Dios no se verían frustrados por la derrota, el ridículo o el chasco”.

Es una razón para tener esperanza, enfatizó Jackson.

“Nuestro Dios no se da por vencido con ustedes o la iglesia”, dijo. “Dios continuará obrando por medio de su iglesia”.

Jackson también recordó a los oyentes que, si bien la obra temprana de los creyentes adventistas era robusta y frágil, Dios no dejó de cuidar de ellos, porque tenía un plan. Y nosotros como creyentes contemporáneos también somos parte de su plan.

“Hoy día, Dios nos envía el Espíritu Santo y nos hace sus embajadores”, dijo Jackson. “La realidad es que Jesús viene pronto, y esa es la razón por la que quiere embajadores, no calientasillas”, añadió. “Es el plan de Dios que su iglesia hoy se levanget”, expresó.

El sábado por la mañana de la conmemoración del 175 aniversario de El Gran Chasco, los miembros y los líderes de la iglesia que se dieron cita bajo la tienda para el culto recibieron la invitación de mostrar el mismo nivel de compromiso que tuvieron los pioneros adventistas. “Nuestros pioneros nos dieron la verdad, pero una cosa que no pudieron darnos es fidelidad”, dijo Esmond. “Hoy día, Dios apuesta a ustedes y a mí. Él nos está invitando a ser parte de la advertencia final al mundo antes de su venida”. Fotografía: Marcos Paseggi, Adventist Review

Cuando Dios nos chasquea

En el mensaje del sábado por la mañana, Dwain Esmond, director asociado del Patrimonio White, recordó de qué manera los primeros pioneros adventistas anhelaban y deseaban que viniera el reino de Dios. Después de repasar brevemente el estado actual del mundo, Esmond dijo: “¡Hay que estar loco para no querer que el reino venga!”

Esmond dijo que Miller quería que el reino de Dios viniera porque sabía que el reino de Dios está primero y que su reino no tendrá fin. “Es la promesa que tenemos”, dijo Esmond. “Por la gracia de Dios, volaremos por el aire, y Dios comenzará otra vez”.

Al analizar la experiencia de los que sufrieron el chasco, Esmond dijo que al igual que ellos, nosotros tampoco nos metemos en una situación para la que Dios ya no ha hecho provisión.

“Recuerde que cuando Dios nos chasquea, siempre es en el servicio de algo más grande”, enfatizó Esmond. “Él hace as cosas mejor de lo que eran antes”.

El sábado 19 de octubre de 2019 por la tarde, Ted N.C. Wilson, presidente de la Iglesia Adventista, y Bill Knott, director ejecutivo de de las revistas Adventist Review y Adventist World, y quien también es un experto en historia de la iglesia, dirigió momentos de reflexión al narrar cómo fue atravesar la experiencia del chasco del 22 de octubre de 1844, en especial en los días y semanas que le siguieron. Fotografía: Marcos Paseggi, Adventist Review

Después de brindar varios ejemplos de personajes bíblicos que se vieron chasqueados pero terminaron recibiendo algo mejor —Esmond mencionó los ejemplos de Moisés, David, y María y Marta, entre otros— se volvió a las historias relacionadas con el chasco de 1844. Específicamente, hizo hincapié en la experiencia de Hiram Edson, uno de los primeros creyentes que fue el primero en captar el significado teológico de lo que había sucedido el 22 de octubre de 1844.

Según los registros históricos adventistas, cuando el 23 de octubre Edson estaba cruzando un maizal para visitar a algunos de los hermanos chasqueados, comprendió que “la purificación del santuario”, a la que se refería el libro de Daniel era un evento que comenzaría el 22 de octubre, pero que no se refería a esta tierra sino al cielo y a la obra intercesora de Cristo en ese lugar.

Eso fue algo que cambió la perspectiva de nuestros pioneros, dijo Esmond, y que también debería cambiar la nuestra.

“Nuestros pioneros no tenían educación, ni dinero, ni grandes medios de comunicación, pero Dios los usó porque fueron fieles”, dijo. “Si ellos estuvieran aquí y vieran algunas de las cosas por las que nos preocupamos, es probable que nos dirían: ‘¿Y a ustedes qué les pasa? ¿Qué problema tienen?’” enfatizó Esmond. “Recuerden que de ese chasco llegó la comisión de terminar la obra”.

Una vista de la granja de Guillermo Miller, lo que incluye las tiendas erigidas para la conmemoración del 175 aniversario de El Gran Chasco de 1844, que se llevó a cabo del 17-19 de octubre de 2019. La propiedad es administrada actualmente por Ministerios de Herencia Adventista. Fotografía: Marcos Paseggi, Adventist Review

Más allá del chasco

El programa del sábado por la tarde comenzó con momentos especiales de reflexión sobre “La Roca de la Ascensión”, una formación rocosa en la parte trasera de la granja de Miller, donde un grupo de creyentes puede haber esperado a que Jesús apareciera el 22 de octubre de 1844. En una tarde otoñal soleada y templada, Bill Knott, director ejecutivo de las revistas Adventist Review y Adventist World, quien también en un experto en historia de la iglesia, narró cómo fue pasar por el chasco del 22 de octubre, en especial en los días y semanas que siguieron a ese día. Los que no renunciaron a su fe o regresaron a sus antiguas iglesias tuvieron que soportar las burlas y el ridículo, relató.

Para Wilson, que cerró los momentos de conmemoración y reflexión después de la breve presentación de Knott, los aprietos de los primeros creyentes anticipan lo que podrían experimentar los creyentes adventistas al fin de los tiempos.

“Los que quieran permanecer fieles a la Palabra de Dios también tendrán que soportar las burlas y el escarnio”, dijo Wilson. “Pero no hay nada que temer; Dios se encargará de cuidarnos”. En ese sentido, Wilson y otros líderes enfatizaron que la iglesia del presente deberían mostrar la misma tenacidad y perseverancia que mostraron esos primeros pioneros.

Esmond dijo que para los miembros de iglesia del presente, lo importante es recordar que no es lo que sabemos sino lo que hacemos con lo que sabemos.

Un grupo de miembros de iglesia se reúne y escuche a la guía del recorrido Betty Knickerbocker (izquierda), durante momentos de reflexión en la tumba de Guillermo Miller cerca de Whitehall, Nueva York. Knickerbocker contó que la tumba de Miller mira hacia el este, dado que allí espera ver la venida de Jesús en la mañana de la resurrección. Fotografía: Marcos Paseggi, Adventist Review

“Nuestros pioneros nos dieron la verdad, pero una cosa que no pudieron darnos es fidelidad”, dijo Esmond. “Hoy día, Dios apuesta a ustedes y a mí. Él nos está invitando a ser parte de la advertencia final al mundo antes de su venida”.

Una vez más, Esmond hizo un llamado a los miembros y líderes de la iglesia para que recuerden que cuando Dios chasquea, siempre es en servicio de algo más grande. La pregunta clave es, dijo él, determinar cuál será el papel que jugaremos nosotros.

“¿Será usted ese algo más grande que surgió como resultado del chasco?”, expresó.

Traducción de Marcos Paseggi

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